miércoles, 22 de junio de 2016

Comando Peonza

¿Por qué leemos en público?
¿Por qué nos interrumpimos fervorasamente?
¿Por qué seguimos hablando apasionados?
Porque queremos que se oigan nuestras voces.
Porque solo damos valor a las enseñanzas del pasado en tanto nos sirvan para entender el presente.

¿De qué se trata el presente?
¿Acaso se diferencia tanto esta construcción de aquella que criticaban esos antiguos rebeldones?
De ser así, por qué siguen teniendo valor sus criticas?
¿No nos explicó ya bastante William Morris en el siglo XIX qué es la riqueza y cómo unos poco estableces sus privilegios apoyados en la miseria de muchos otros?
¿Cómo es que las canciones de protesta de la Revolución Española, del Mayo Francés, o de las bandas más contestarias de nuestro querido rock nacional de los 70s, 80s o 90s vuelven a cobrar sentido frente a los avancies de esos pocos que pretenden y consiguen acaparar esos privilegios?
¿Acaso algo cambiará alguna vez? ¿Aprenderemos algo? ¿Por qué filosofamos entonces?

Resulta difícil de aceptar, más allá del divertimento, este nuevo vericueto del entretenimiento que llamamos las teorías conspirativas.
¿Es acaso posible que todo este caos esté y haya estado digitado? ¿Por quién? ¿Por unos pocos?
¿Por una secta? ¿Una logia? ¿Una empresa? ¿Un dios muy bien organizado?
Más bien parece que existen personas tomando decisiones a gran escala.
Decisiones que toman pocos y afectan a muchos. Pero dudo que los resultados hayan sido o puedan alguna vez ser los esperados por quien fuere.
De nuevo, nos vemos sometidos a los requerimientos del caos pero siempre pretendiendo abrazar una cada vez más deforme idea del orden.

Lo que no ha cambiado nunca es el protagonismo central del miedo.
Han cambiado los rostros de esos fantasmas. Puede que los vestuaristas del miedo si hayan digitado ese casting. Lo que antes fue el infierno, bien podría ser hoy la pobreza. Lo que antes fueran las plagas, bien podría ser hoy el cáncer. Esos miedos son reales y han sido pre-fabricados. Han sido elegidos. Si podemos elegir, por qué no elegir dejar de temer? ¿A qué hay que temerle realmente? ¿A la muerte? No vamos a temerle a la mayor energía creadora que además ha demostrado ser inevitable.
¿A la desgracia? Creo que nos hemos demostrado que a través de la imaginación y la creatividad siempre podemos transformar la desgracia en oportunidad o, cuando menos, en una posibilidad, aunque involuntaria, de aprendizaje.
¿A que temerle? ¿A la soledad? ¿Es acaso posible la soledad? De ser posible, qué esconde ese temor? Es que tanto nos cuesta estar con nosotros mismos?
¿A que le tememos? ¿Al peligro? ¿Al dolor físico? ¿A la incertidumbre? ¿A la enfermedad?
Benditos sean todos esos dispositivos que nos hacen sentir vivos y nos recuerdan la inminente y constante necesidad de crear mitos.
No hay nada a lo que temer. Nunca lo hubo. Lo siento. Temimos al pedo.

“Pienso luego existo” 
Existimos porque estamos pensando y el uso del lenguaje demuestra que los demás existen también. No sabremos nunca en qué consiste esta existencia que titulamos “vida” pero podemos mantenernos juntos durante el viaje a través del túnel recordándonos, unos a otros, que no hay nada que temer. Filosofamos para aprender y entrenar esa existencia que nos vemos a forzados a transitar en la intemperie. Ya hemos pensado demasiado para abrigarnos con nada. Ya hemos abierto los ojos y aunque duela no queremos volver a cerrarlos.
Somos comando, somos partido, somos familia. 
No estamos solos.
Somos la nave que no tiene respeto por ningún limite fabricado por el hombre o la mujer. Es la nave que nos permite realizar viajes inter-mito.

No nos subyugamos ante ningún mito. Somos una constante y erratica fuerza creadora de ficción en constante re-acomodamiento en pos de lo que consideramos el bien común y el respeto por el encuentro fortuito de toda vida que se pasea, más o menos, animadamente por este plano existencial y aquí
... nos desordenaremos a gusto.  


No hay comentarios:

Publicar un comentario